Librillo de apuntes de
Ramón Buenaventura

«Ojalá dispusiera de frases no conocidas, de expresiones extrañas, en algún nuevo lenguaje jamás empleado antes, libre de repeticiones, de palabras rancias ya desgastadas por los antepasados», dijo Khakheperresenb, escriba egipcio, hace, más o menos, cuatro mil años.

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2009/09/15

Me leo de un tirón Girl Meets Boy, de Ali Smith*. Hay ya un canon de escritura lesbiana**, cada vez más refinado y definido: muy literario. Pongo sus orígenes en Gertrude Stein y tengo leídas a algunas de sus integrantes: Kathy Acker y Jeanette Winterson, sobre todo (dos excelentes escritoras difíciles, no desconocidas en España, pero sí ignoradas), también Sarah Schulman y Dorothy Allison (ambas publicadas en Alfaguara por recomendación mía, con escaso éxito). Y, supongo, algunas más que en este momento olvido. En España, que yo sepa, la única figura que encaja en esta tradición es Mercedes Soriano (que no era lesbiana) (Historia de No, Contra vosotros, ¿Quién conoce a Otto Weininger?), a quien hemos olvidado demasiado pronto, tras su muerte a finales de los noventa.

Un rasgo importante de esta tradición es el planteamiento literario de la escritura: hay hogaño muy pocos autores en el mundo que se preocupen tanto del lenguaje y de la experimentación prosística. Jeanette Winterson, que no se ha privado de proclamarse la mejor escritora del Reino Unido, tiene páginas realmente insuperables, aunque las logre a costa de incrementar al máximo la dificultad de lectura y, por consiguiente, alienarse lectores. Leerla es un chisporroteo de sorpresas expresivas.

Ali Smith sigue también esta línea de alta literatura y experimentación (o vanguardia, o como quieran ustedes llamarla), pero con más miramiento del lector. Girl Meets Boy se lee con facilidad: en ningún momento nos exige el grado de concentración que reclaman casi todos los libros de Acker o Winterson (o Mercedes Soriano), pongamos por caso. Es una reinterpretación moderna del mito de Ifis***, que Ali Smith convierte en una exploración —extremadamente romántica, a veces (curioso y original))— de las variantes y combinaciones del sexo. Hay una frase de la susodicha Kathy Acker que puede servir de orientación al respecto: «We don't have a clue what it is to be male or female, or if there are intermediate genders. Male and female might be fields which overlap into androgyny or different kinds of sexual desires. But because we live in a Western, patriarchal world, we have very little chance of exploring these gender possibilities».

No es una novela extraordinariamente buena, quizá porque se queda corta en su propia ambición interna, en su prurito de brevedad, pero me valió leerla.

* Ali Smith, Girl Meets Boy: Canongate, 2007; 161 págs.

** Son autoras que ponen especial énfasis en definirse sexualmente, tanto en su obra como en su vida privada, haciendo bandera de su tribadismo; de ahí que me atreva a utilizar un término tan políticamente incorrecto como escritura lesbiana.

*** Tomo del Diccionario de mitología clásica de Constantino Falcón, Emilio Fernández Galiano y Raquel López Melero (Alianza, 1980) la descripción del mito de Ifis: «Hija de Ligdo y Teletusa. dos cretenses de condición pobre. Ligdo advirtió a su esposa que, si daba a luz una niña, tendría que exponerla, y entonces la madre, que era muy devota de la diosa Isis, rogó a ésta que la ayudase. Pero nació, en efecto, una hembra, y Teletusa no tuvo otro remedio, para salvarla, que vestirla de niño, poniéndole un nombre que resultaba ambiguo. Cuando Ifis llegó a la edad de trece años, fue prometida en matrimonio por su padre a una muchacha llamada Yante, y, como se acercara el momento en que habría de descubrirse el engaño, Teletusa pidió ayuda a la diosa, quien transformó a Isis en un joven». Ovidio narra la historia en sus Metamorfosis.


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